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Aquí la tierra late distinto

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    La persona que decide irse a vivir a un nuevo lugar atraviesa una situación de cambio llamado “duelo migratorio”, que no solo da lugar a ganancias y beneficios sino que también conlleva una serie de tensiones y pérdidas. Un duelo...

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Introducción

Aquí la tierra late distinto, publicación en Psicoactualidad

La persona que decide irse a vivir a un nuevo lugar atraviesa una situación de cambio llamado “duelo migratorio”, que no solo da lugar a ganancias y beneficios sino que también conlleva una serie de tensiones y pérdidas.

Un duelo por lo que se deja atrás: la cotidianidad con la familia, los amigos, las distancias, la naturaleza, el club, el vecino, etc. Todo lo que rodea a la persona que migra es nuevo.

Por duelo se entiende el proceso de pérdida de una persona, objeto, evento o lugar significativo. Es un proceso psicológico que comprende cambios en el estado de ánimo como asimismo a nivel fisiológico y social. La intensidad y duración de este proceso será proporcional al significado de la pérdida.

A diferencia de otros duelos, el migratorio se caracteriza por ser un duelo parcial (pérdida ambigua), donde existe la posibilidad de estar en permanente contacto con el objeto perdido (lugar, cultura, amigos, familia), por lo tanto es más una separación que una pérdida definitiva. Al mismo tiempo es un duelo recurrente, está reabriéndose constantemente por medio del contacto telefónico, Internet, viajes, visitas. Y es múltiple, porque se pierden muchas cosas valiosas. Al ser un duelo múltiple y ambivalente, la persona pendula entre dos tiempos, entre dos lugares, entre lo definitivo y lo transitorio, entre el fracaso y el éxito. Esta situación afecta la definición de identidad, es más difícil saber quién se es y de dónde se es. (Rozo Castillo, J. 2007)

Borja (1995) sostiene que el sufrimiento es un contenido enfermo, donde uno se aferra a vivir mal, se vuelve adicto a ese malestar. El sufrimiento es irracional y lleva a la parálisis o a la hiperactividad; es una capa externa que evita contactarse con el dolor. Por el contrario, el dolor, es estar en contacto con lo que sentimos, con nuestras carencias, con lo más profundo, con la esencia. Lo difícil es ir del sufrimiento al dolor. El dolor no tiene comprensión, es un espacio silencioso que implica aceptación.

Atravesar pérdidas sin la posibilidad de expresar lo que uno siente, sin ser conciente del dolor, afecta la salud física y mental. Algunas consecuencias psicosomáticas pueden ser: ulceras, migrañas, contracturas, cistitis, caída de pelo, dolores gástricos u otras enfermedades.

Las emociones pueden aparecer desplazadas, si en una familia se acostumbra a expresar más el enojo que la tristeza. Es probable que quien se vaya se enoje fácilmente con pequeñas cosas. Se desplaza la emoción y también el objeto que despierta dicho sentimiento, se vuelve más tolerable, pero al mismo tiempo se hace más difícil la elaboración del duelo porque lo auténtico no tiene la posibilidad de expresarse.

Una joven en su primer año de migración comentó:

Yo no puedo estar mal, mis padres hacen mucho esfuerzo para que este acá y además no quiero que sufran por mi”.

Estas creencias son trabas en la elaboración del duelo que le impiden contactarse con sus sentimientos.

La manera en que la persona atraviese el duelo, va a depender de cómo ha vivenciado los primeros duelos de su existencia, y también de cómo históricamente se han elaborados los duelos en su familia.

Achotegui, (2002), plantea que los duelos pueden ser “duelo simples”; a pesar de que la persona sufre por la pérdida de afecto y apoyo (directo) de los seres queridos y se encuentra en presencia de sentimientos de soledad, ansiedad y miedo ante el futuro. La migración se realiza en buenas condiciones si se encuentra en un entorno que la recibe, tiene un proyecto, una vivienda, cuenta con el apoyo familiar, seguridad económica, una red social.

Aquí la tierra late distinto viajante, publicación en PsicoactualidadExiste otra categoría, los “duelos complicados”, donde el entramado de situaciones sociales y personales dificulta la elaboración de las pérdidas. Tal situación puede afectar la salud mental y desarrollar el llamado “Síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple” o “Síndrome de Ulises”, que hace mención al héroe griego que padeció innumerables adversidades y peligros lejos de sus seres queridos. Este síndrome se presenta, cuando los niveles de estrés son tan intensos que llegan a superar la capacidad de adaptación y se encuentra íntimamente relacionado con condiciones de vida muy empobrecidas. La persona se encuentra en una situación de estrés límite, con cuatro factores vinculantes: la soledad, un sentimiento interno de fracaso, miedo y sentimiento de lucha por sobrevivir, acompañado de una serie de síntomas psiquiátricos: depresión, ansiedad, somatización y confusión. La intensidad y duración de los síntomas darán la posibilidad de diferenciar un duelo normal de uno patológico, y realizar un diagnóstico diferencial con otras patologías.

En la Terapia Gestáltica, se habla del “contacto” como la oportunidad de encontrarse con el medio que lo rodea y obtener algo nutricio. Polster (1997) define el contacto como la conciencia de aquella novedad que es asimilable y la conducta correspondiente a ello y aquello que es inasimilable, y su consecuente rechazo. Es la función que sintetiza la necesidad de unión y separación entre el adentro y el afuera.

Es el contacto el que permite que se de el crecimiento, el cambio de uno mismo y el cambio de la manera de ver el mundo. Aceptar o rechazar la novedad produce un cambio en sí mismo, el contacto es incompatible con la idea de que se sigue siempre igual.

Cada uno va construyendo las fronteras del yo, por medio de la familia, la cultura, el conjunto de experiencias personales y la aptitud que haya adquirido para asimilar experiencias nuevas o intensificadas. Estas fronteras determinan el tipo de contacto que es admisible; se va delimitando todo lo que es aceptable para mi yo, de lo que no lo es, lo cuál incluye: ideas, actos, valores, imágenes, recuerdos, define actos, incluye los riesgos que uno está dispuesto a enfrentar, etc.

Dentro de la frontera del yo, la relación con el otro puede darse con comodidad y soltura, pero es en el límite de la frontera donde se produce un contacto más riesgoso y la posibilidad de gratificación menos cierta, uno se arriesga a encontrarse con lo desconocido. Si la experiencia excede los límites de tolerancia, la persona interrumpe el contacto o lo disminuye por medio de las resistencias. La disminución de la capacidad de contacto es lo que ata al hombre al aislamiento.

Cuando el contexto en el que se vive cambia, generalmente aparece una constante fuerza que empuja hacia lo nuevo y a traspasar las fronteras del yo. Y otra contraria que resiste empujando a quedarse dentro de ellas, en el espacio seguro y conocido. Hay cierta resistencia a encontrarse con el vacío.

Este interjuego de fuerzas lleva a la necesidad de una reorganización de la personalidad. Existe una pérdida de la seguridad básica, las personas cambian y por ende el modo de interacción conocido se vuelve frágil. Es muy común, que en los primeros años las personas se agrupen con los del mismo lugar de origen y frecuenten espacios donde se comparten los mismos códigos y valores. Establecer estos vínculos conocidos es importante en un primer momento, como un modo de preservar la propia identidad. En algunos casos, dan la confianza necesaria para luego animarse a experimentar nuevas relaciones. Pero en muchos otros casos, a pesar de estar viviendo hace años en Capital Federal por ejemplo, las personas se quedan dentro de lo conocido. Se observa una imposibilidad de hacer nuevas relaciones con la gente del lugar o experimentar nuevas vivencias.

El duelo es un proceso normal, dinámico y activo, y no un estado. “El trabajo del duelo permite enfrentar la realidad y vincularse con nuevas esperanzas, tener nuevos proyectos, hacer nuevas relaciones, rehacer la vida, finalmente “dar vuelta la página” y aprender a vivir de una manera diferente”. (A. Schützenberger, E. B. Jeufroy. 2008)

La experiencia de migrar es profundamente movilizante y el duelo del lugar de origen puede llevar un largo tiempo, puede ser un proceso simple o complejo. Este trabajo es inconsciente y por lo tanto no voluntario, sin embargo un trabajo conciente es posible.

Si el proceso de elaboración de un duelo es ignorado, retrasado o demorado, empiezan a aparecer las complicaciones. En la medida que se pueda hablar sobre las vivencias y sentimientos, el camino de elaboración se acorta. Es en el límite de la frontera de contacto donde se da la experiencia, el encuentro entre el individuo y su entorno, donde se produce el cambio, donde se acepta lo asimilable y se rechaza aquello que no sirve.

Acompañados por otros y por un grupo como lo vengo observando en los talleres gestálticos donde trabajo, el tránsito por las vicisitudes del desarraigo se vuelve para la persona más llevadero, saliendo fortalecido y enriquecido de esta situación. Y es allí, donde compruebo el poder transformador que se encuentra en el compartir del "dolor común”.

Migrar, es atravesar una crisis y en toda crisis subyace una oportunidad. Una oportunidad de arraigarse al nuevo lugar y con la posibilidad de tomar lo nutricio de esta nueva tierra.

Bibliografía

  • Achotegui, J. 2000. Los duelos de la migración. En Medicina y cultura. E. Perdiguero y JM Comelles (comp). Editorial Bellaterra. Barcelona.
  • Achotegui, J. 2003 (compilador). Dossier de la reunión internacional sobre el Síndrome de Ulises celebrada en Bruselas en la sede del Parlamento Europeo el 5 de Noviembre del 2003.
  • Achotegui, J. Emigrar en situación extrema: el Síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (Síndrome de Ulises).
  • Borja, G. 1995. La locura lo cura. Ed. La llave. Vitoria, España.
  • González Calvo, Valentín. Revista Trabajo Social, N° 7. http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/tsocila/article/view/8477. El duelo migratorio.
  • Polster E. y Miriam. 1997. Terapia Guestáltica. Perfiles de teoría y práctica. Ed. Amorrortu. Buenos Aires.
  • Rozo Castillo, Jairo. 2007. Efectos del duelo migratorio y variables socioculturales en la salud de los inmigrantes. En: Revista Eclecta, Vol. V, No. 12, diciembre de 2007.
  • Schützenberger, A y Jeufroy, E. B. 2008. Salir del duelo. Superar el dolor y reaprender a vivir. Ed. Taurus. Buenos Aires.
  • Sappir, Gasir. Centro de Migración y Salud Mental. http://www.fhspereclaver.org/migra-salut-mental/index_es.htm. Estrés límite y salud mental: el Síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (Síndrome de Ulises)

Artículo publicado en Psicoactualidad.com

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