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Vicisitudes del deseo sexual

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    A través de mi desempeño profesional como sexóloga clínica percibo claramente y en forma creciente que la “falta de deseo” o “el bajo deseo sexual” es uno de los temas que más frecuentemente aparecen en mi consultorio y consecuentemente uno de los que mas angustia genera en las personas.

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Introducción

Vicisitudes del deseo sexual - Publicación en Psicoactualidad

A través de mi desempeño profesional como sexóloga clínica percibo claramente y en forma creciente que la “falta de deseo” o “el bajo deseo sexual” es uno de los temas que más frecuentemente aparecen en mi consultorio y consecuentemente uno de los que mas angustia genera en las personas. Por su parte, los centros de Terapia Sexual, calculan que la consulta referida a la falta de deseo alcanza estadísticamente en la actualidad a un 40% del total.

Si a este porcentaje le agregamos la enorme cantidad de personas que no consultan, ya sea por pudor o por ignorancia, o las que recurren a médicos clínicos o especialistas bajo el supuesto de sufrir alguna enfermedad que justifique la falta de interés sexual, concluimos que este problema se encuentra instalado en forma generalizada.

Partiendo de la premisa de la multicausalidad de todo comportamiento humano, la conducta sexual por lo tanto no escapa a las características bio-psico-sociales que afectan e inciden en cualquier tipo de conducta humana. Me atrevo a afirmar entonces que son numerosas las causas que pueden perturbar el funcionamiento del deseo sexual, el cual es llamado un “apetito”, descartando así la posibilidad de que el análisis del problema se enfoque únicamente por la relación causa-efecto.

El deseo sexual se hace presente y activo cuando se pone en funcionamiento nuestra capacidad mental para combinar fenómenos biológicos intra psíquicos y complejas relaciones interpersonales. El impulso sexual se genera a partir de la integridad anatómica y fisiológica del cerebro, y específicamente de los centros sexuales que lo componen.

Alguna estimulación endógena, de ocurrencia espontánea, dispersa el “apetito sexual”, proceso neuroendocrino genéticamente organizado con el fin ultimo de la reproducción, es decir, de perpetuar la especie.

Levin en su libro plantea:

...si bien nosotros sabemos que la mayoria de los actos sexuales contemporáneos, y la mayoría de los de la historia no son reproductivos, la finalidad que el sexo tiene para la naturaleza es la reproducción, y este mecanismo va a estar asegurado de cualquier manera.

La estimulación mencionada parte de nuestro cerebro y es experimentada genitalmente como excitación sexual o calentura, esta ultima se produce y es regulada por la actuación de estructuras neuronales “reguladoras” llamadas centros sexuales ubicadas en el cerebro: el hipotálamo y el sistema limbico.

Descripto de esta forma el funcionamiento del deseo sexual aparece en escena otro componente: ¿cuánto deseo o apetito sexual tenemos?

Las diferentes intensidades con que se muestra el deseo sexual en las personas son naturales, así como nos gustan diferentes cosas, así como deseamos estar o hacer distintas cosas o aun las mismas cosas con diferentes intensidades, el deseo de sexo no es diferente de lo anteriormente dicho.

Un deseo sexual “alto” o “bajo” no es necesariamente indicador de la presencia de patología o conflicto, sino de diferencias individuales o personales.

Para Helen Kaplan, eminente sexóloga norteamericana, “la persona con deseo sexual bajo, no se sentirá caliente ni interesada por las cosas sexuales, ni tendrá fantasías del orden sexual”.

Otras veces intervienen factores fisiológicos comúnmente asociados con una “hipoactividad” del deseo como por ejemplo la depresión, los estados de estrés graves, ciertas drogas o enfermedades y básicamente un bajo nivel de testosterona.

En el comienzo del encuentro de una pareja, los distintos niveles de deseo no se notan ya que el periodo inicial esta tenido por el maravilloso manto del enamoramiento.
En este lapso cada miembro de la pareja proyecta en el otro todo lo que necesita encontrar, el príncipe azul, alguien distinto, “esta vez sí”, etc.

Sin embargo, este periodo inicial, más divertido pero también más engañoso, deja paso a un nuevo estado de concientizacion e introyección, más saludable y autentico, donde aparece la verdadera persona que tenemos enfrente. Este es el momento en que los integrantes de la pareja empiezan a reprocharse o quejarse creyendo que el otro ya no es el mismo, que “antes no era así”. Si la pareja soporta y supera la frustración de empezar a ver al otro como realmente es y puede encontrar una nueva forma de vincularse, ese será probablemente, un vinculo que perdure mas tiempo que otros.

El deseo ofrece una conducta similar, acompañando las diferentes etapas o estadios del vinculo.

Vicisitudes del deseo sexual - Publicación en PsicoactualidadCuando me preguntan si es verdad que el deseo en una pareja cambia con el tiempo, connotándolo negativamente, la respuesta que doy es la afirmativa, aclarando que esto no es ni positivo ni negativo. En el fluir del vínculo pasa de la fascinación por descubrir que hay en el otro, al encuentro de una intimidad ya lograda pero que es nueva.

Dado que nuestras influencias culturales colocan el deseo sexual dentro de una rígida elección por la cual debe recaer obligatoriamente en la persona que hemos elegido para armar una convivencia y dado que esta convivencia no necesariamente esta basada en la atracción física, podríamos deducir que una vez superado el periodo de enamoramiento lo que subsiste, que no es poco, es un vinculo afectivo intenso no necesariamente acompañando de una atracción sexual constante.

En general percibo que no estamos preparados para responder a un estimulo constante que no nos resulte atractivo, así como no estamos preparados para ejercer el tipo de vida sexual que elegimos ejercer.

Como lógica consecuencia encuentro en la práctica clínica una constante disminución de la libido por causas psicógenas, hay una supresión activa, aunque involuntaria e inconsciente, causada por conflictos psicológicos actuales o historicos.La complejidad del deseo esta influida todo el tiempo por la interacción de factores intrapsiquicos presentes y pasados que entran en juego y que son vividos en la actualidad con la misma energía que en el pasado.

Helen Kaplan dice: “Nuestros censores sexuales balancean nuestros deseos sexuales de acuerdo con nuestras necesidades, para evitarnos riegos personales para que preservemos nuestras relaciones con los otros.”

Mi tarea como terapeuta sexual consiste en proponer diferentes ejercicios e intervenciones para favorecer el aprendizaje y concientizacion de las diferencias y acuerdos posibles de la pareja y fundamentalmente en la decisión consciente de permitirse ser excitado, produciendo la motivación y la decisión psicológica que permita la aparición o no del deseo sexual.

El trabajo se concentra en la pareja, ya que sexo significa “división”, sexo significa “dos”, y a cada uno le toca una parte significativamente diferente sean estos de igual o diferente sexo.

La inhibición del deseo sexual priva a la persona y a la pareja de acercamiento, relajación, estimulación, confianza y sentimientos positivos por lo cual el deseo no abarca solo lo sexual sino que apunta a la existencia misma.

La actividad sexual no solo es reproductiva, sino fundamentalmente lúdica, darnos y dar placer, es la posibilidad de encontrarnos a nosotros mismos, así como también una forma de entrar en verdadera intimidad, aunque no la única, ya que encontrarse con otro es mucho mas que desnudarse frente a ese otro.

Podemos entonces concluir que para que nuestra sexualidad sea placentera se requiere de un aprendizaje en cantidad y calidad, de tolerancia y flexibilidad, apertura y dedicación.

Ni más ni menos que comprometerse con uno mismo y con el otro.

Bibliografía

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  • Frank, Ana (1977) El diario de Ana Frank. Editorial Marymar, Buenos Aires, Argentina.
  • Oaklander, Violet (1987) Ventana a nuestros niños. Cuatro Vientos Editorial, Santiago de Chile, Chile.
  • Reddell, María Teresa (2000) La Pubertad (Tesis Doctoral) Universidad de Belgrano, Buenos Aires, Argentina.
  • Stassen Berger, Kathleen (1997) El Desarrollo de la Persona . Editorial Médica Panamericana, Buenos Aires, Argentina.

Artículo publicado en Psicoactualidad.com

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