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Padres, un lugar para siempre

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    padres pareja paternidad maternidad
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    La decisión de tener un hijo es, en la actualidad, elegida por ambos padres e implica una responsabilidad y un desafío de por vida. Se puede decir que en eso si hemos evolucionado. El varón ha tomado contacto con este nuevo rol y lo ejerce activamente en la mayoría de los casos. Las mujeres delegamos más, compartimos la crianza, etc. Conquistas incuestionables (salvo casos) sin duda. La mujer accede a mucha más información y tiene recursos de contención ante sus dudas y temores.
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Un camino de ida

Padres, un lugar para siempre - Artículo publicado en PsicoactualidadLa decisión de tener un hijo es, en la actualidad, elegida por ambos padres e implica una responsabilidad y un desafío de por vida. Se puede decir que en eso si hemos evolucionado. El varón ha tomado contacto con este nuevo rol y lo ejerce activamente en la mayoría de los casos. Las mujeres delegamos más, compartimos la crianza, etc. Conquistas incuestionables (salvo casos) sin duda. La mujer accede a mucha más información y tiene recursos de contención ante sus dudas y temores. Este contacto los pone a los dos, varón y mujer, frente al desafío que esto implica. Esta empresa, casi como ninguna, no tiene retorno e implica miedos e incertidumbres que son universales. Nadie, iniciado este proceso, está exento de estos miedos y ansiedades. Es una decisión de por vida.

Se dice que ningún hecho de nuestra vida nos hace más mujer y más hombre que ser padres y madres de un hijo. Quizás por todo esto no haya una decisión humana más trascendente y más sublime que la de traer un hijo al mundo.

La pareja. Los padres

Al encontrarse un hombre y una mujer, primero se convierten en pareja y solo en segundo lugar se convierten en padres. Hombre y mujer se convierten en padre y madre y este lugar es indisoluble aún cuando uno o los dos no quieran hacerse responsables del lugar. El lugar está desde que nace nuestro hijo, aunque no lo ocupemos, aun en la ausencia de cualquiera de ellos. Está ocupado por una ausencia-presencia para siempre... Movimiento interrumpido, lo llama Bert Hellinger

Los grandes son los padres. Nuestros hijos no son pares, son "chicos". Este Orden natural y del amor (término Helingeriano) pone luz en el hecho de que no soy par de quien le di la vida.

En la actualidad, este orden no es claro muchas veces. Los grandes queremos borrar el inevitable paso del tiempo siendo eternamente adolescentes, eternos jóvenes, hasta el punto de confundir salud, espíritu, vida sana, con monstruosidades disfrazadas de sentido estético que llegan hasta el punto de perder algo "digno" de lo natural que tiene el paso del tiempo. O queremos hacernos "amigos" de nuestros hijos, "compinches", "iguales", etc. La relación de nuestros hijos no tiene puntos en común con una amistad. Lo que lo hace distinto es que de un amigo no se nace, a un amigo no se lo cría, ni es dependiente de nosotros, ni salió de nuestras entrañas: Depende de nosotros en varios sentidos (psicológica, física, cultural, económica, etc.) durante por lo menos 18 años, si no más (actualmente mucho más, a veces).

Los que trabajamos diariamente con gente sabemos lo que significa para un hijo ocupar un lugar de par con sus padres o que ilusoriamente crea que reemplaza a uno de ellos. Por lo general no encuentra lugar en este mundo y en el fondo de su ser existe un hijo (por lo general muy desvalido) completamente abandonado.

El amor de pareja es anterior al amor de padres, como la raíz de un árbol que sirve para sostenerlo y nutrirlo. Si en una familia los padres dan prioridad al ser padres sobre el ser pareja, algo empieza a ser confuso para los hijos; se alteran los lugares y surgen conflictos confusos. Contrariamente cuando tiene prioridad la relación de pareja, los hijos respiran aliviados..."La fuerza de la paternidad brota de la relación de pareja..." B Hellinger.

Padres, un lugar para siempre - Artículo publicado en Psicoactualidad

Cuando existe un trastorno o insatisfacción en la relación de pareja, hay una energía de uno o dos de los padres que fluye hacia el hijo como reemplazando lo que le falta y se da en éste una confusión en este lugar.

Más allá de lo que pase con nosotros...

Desde la experiencia observo que los hombres y las mujeres que reconocen el lugar del otro como el derecho, para siempre, que le otorga el ser padre o madre de ese hijo, alivian a los hijos y se respira paz en el sistema familiar, mas allá de que los padres estén juntos o separados. Respetar el espacio del padre, ya que siempre será el padre y la mamá la madre, mas allá de lo que pase con ellos como pareja, es cuidar a nuestros hijos con el derecho de ser para siempre de los dos. Todo lo demás es cosas de grandes; ellos no tienen nada que ver y, de veras, no tienen nada que ver con nuestros conflictos de matrimonios, ni de divorcio, ni de nada que se refiera a nuestra pareja.

En cuanto a los lugares, es la madre la que no puede confundir al hijo como su compañero (es el padre el que tiene que correr de lugar a su hija de ser su confidente porque es él el adulto y no ella, simplemente.

Desde el principio es necesario para que el bebé sobreviva, la simbiosis con su madre (la díada), aun así el padre (si está presente) contiene periféricamente a esta unión, en un lugar igual de importante aunque distinto; el derecho es igual tanto para uno como para otro, para siempre, estén juntos o no.

Cuando no se diferencia a la pareja de los padres, es más difícil y dolorosa una separación ya que se separan y se cree ilusoriamente que desaparece el padre o la madre y se coloca al hijo eligiendo lo "imposible" y desgarrándose en consecuencia. En el medio, o reemplazando al progenitor que falta. Esto se ve claramente en el desarrollo de una Constelación Familiar (técnica creada por B Hellinger).

Padre y madre tienen el lugar desde el momento que engendran ese hijo; luego se harán responsables de querer o no ocuparlo. Está y es para siempre. Es uno de los desafíos más trascendentes que tenemos como persona y una cuestión de elección y responsabilidad.

Cada vez que nace un hijo nace un padre y una madre que serán en esa experiencia también unos "niños" que aprenderán a hacerse padres, como mejor puedan. Esto no se intercambia ni tiene retorno.

Desde alguna experiencia de trabajar tanto con padres como con madres y con hijos, es interesante ver que lo que daña realmente a los hijos es cuando los órdenes naturales están alterados. Estos desórdenes, esta alteración de los lugares, dañan a nuestros hijos estemos juntos o separados.

Si soy hijo soy hijo, no soy padre o madre de mi madre. Y si soy madre, no soy hija de mi hijo ni su compañera ni su confidente, soy su madre, la que pueda ser, pero simplemente su madre. Somos los padres que llevamos a nuestros hijos a que ocupen su función de hijos, ésa es nuestra función. Cuando nos preguntamos: ¿por qué nuestro hijo está permanentemente enojado? Una respuesta probable es:....no hay cosa que enoje más de otro, que éste no cumpla su función.

Bibliografía

  • Los Ordenes del Amor Bert Hellinger
  • Felicidad Dual G. Weber
  • El niño Interior herido A. Bradshow

Artículo publicado en Psicoactualidad.com

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