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En búsqueda de la identidad entre mujeres

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  • Palabras clave
    mujeres madres vacío dependencia soledad omnipotencia
  • Resumen
    Durante años las mujeres hemos recibido el mensaje de des-vivirnos (no vivirnos) por los otros: padres, hermanos, pareja, hijos, amigos, parientes, etc. Es así como fuimos aprendiendo a ser “útiles y necesarias”... pero, ¿qué sucede cuando el otro/s dejan de depender de nosotras?
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Introducción

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Desde hace algunos años comencé a coordinar grupos de mujeres y desde ese momento puse en juego no sólo mi ser profesional sino también mi ser humano y especialmente mi ser mujer.

Durante años las mujeres hemos recibido el mensaje de des-vivirnos (no vivirnos) por los otros: padres, hermanos, pareja, hijos, amigos, parientes, etc. Es así como fuimos aprendiendo a ser “útiles y necesarias”.

En esta escuela de “no vida” se van generando conductas que nos llevan a controlar a los otros, a creer que sabemos lo que necesitan, a hacer las cosas por los otros, a hacernos cargo de lo que creemos son necesidades. También aprendemos que reconocer y conectarnos con nuestras necesidades es equivalente de egoísmo. Es así como se va configurando un personaje que de tanto creer que los otros dependen de él, termina dependiendo de ellos. Sus puntos de apoyo están en el afuera, en lo que produce, provoca, consigue de y con la relación con los demás.

Se van generando así una dependencia afectiva con la que lo único que se consigue es sufrir y tener un gran sentimiento de soledad, sinónimo de encontrar un gran vacío interior. Vacío que aumenta cada vez que se pretende con el otro o los otros lo llenen cuando somos incapaces de llenarlo por nosotras mismas.

Esta es una gran herida a la que le ponemos un argumento, un “¿por qué me pasa esto?”, con fecha, nombres, lugares, situaciones que se repiten invariablemente, que hacen llorar, tener rabia, que paralizan.

Pero esta herida es más vieja que estos hechos puntuales, ellas están provocadas por conductas aprendidas de largo tiempo atrás a donde recibimos mensajes de cómo ser unas niñas, una mujer, una hija, una esposa, una profesional…

  • “las niñas tienen que ser dulces”
  • “no seas traviesa, eso no es cosas de nenas”
  • “no estés triste: ¿no ves que tus padres se preocupan?”
  • “las mujeres tienen que aguantar”
  • “si tu gusta tu profesión esta bien, pero no descuides tu casa”
  • “cuando no esta el ojo de la mujer el hogar se derrumba”
  • "detrás de un gran hombre hay una gran mujer”
  • “casa sin mujer, barco sin timón”
  • “una mujer puede construir una casa o destruir una casa”

Mandatos, mandatos, mandatos…

Estos y muchos otros más nos llevan a tener dos sentimientos polares: IMPOTENCIA-OMNIPOTENCIA. Impotencia porque no podemos encontrar opciones entre lo que queremos de nosotras y lo que creemos que tenemos que hacer. Omnipotencia porque somos imprescindibles. Sin nosotras todo se derrumba.

A veces creemos encontrar la solución, si trabajamos, es que hacemos una profesión, estudiamos o dedicamos un tiempo a nuestro desarrollo personal, tendemos a pagar nuestra “distracción” con horas extras de trabajo hogareño, esforzándonos a que todo este impecable y organizado. No nos atrevemos a delegar sino: ¿cómo justificamos nuestra falta de amor?

De esta manera aparece un sentimiento de exigencia, del cual no nos hacemos responsables; sino que responsabilizamos al afuera, “ellos me exigen…”, sin darnos cuenta, o sin querer darnos cuenta que esa exigencia viene de muy adentro nuestro, de nuestros introproyectos, de cómo “debe ser y qué debe hacer una mujer”

En este tironeo encontramos soluciones como: “me sacrifico y depongo lo que necesito para “cumplir” con lo que quieren de mí” o “mejor estoy sola, no dependo de nadie ni nadie depende de mí”

Estamos divididas, fragmentadas, solo sabemos movernos en situaciones opuestas: sometimiento, rebeldía, dependencia, autosuficiencia, pasividad, actividad. Nos peleamos por conseguir nuestra libertad y buscarnos que el afuera nos reconozca, nos estimule, nos califique, nos de permiso.

En esta lucha sin sentido “tocamos fondo”. Ya todas las estrategias para manipularnos y manipular al medio, para sentirnos “realizadas” no nos sirven.

En este momento, a donde nos damos cuenta de cuan nocivos son estos patrones de conducta, donde no sabemos qué hacer y cómo hacer, es muy doloroso y amenazador.

Dice Magda Catalá:

Cuando dejemos de responsabilizar al sistema o de pretender que el hombre nos entienda y que nos ocupemos de nosotras mismas, las pre-ocupaciones, las quejas, las denuncias ya no se pierden en disputas abiertas, sino que nos llevan a ahondar en el dolor: en nosotras mismas”

Cuando vemos que el problema está adentro, comprendemos que, o hacemos de hadas madrinas de nosotras mismas o nadie va a venir a salvarnos del fogón.

A este despertar sigue un camino de transición y transformación a donde aprendemos que somos una unidad. Que dentro de cada mujer hay un principio femenino – YING como un principio masculina – YANG, que es tan importante nuestra dulzura como nuestra agresividad, nuestro aspecto nutriente como nuestro aspecto proveedor.

El cambio se va produciendo cuando aprendemos a utilizar la energía que gastábamos en cambiar y ayudar a los demás a favor de nosotras mismas, buscando “completud”

Es en este momento donde el poder pertenecer a un grupo de pares, a donde hay otras mujeres que transitaron o transitan por la misma situación hace que aparezca “la esperanza” de una nueva forma de vida.

El grupo funciona como un lugar a donde al lado de otras mujeres se hace un camino de iniciación como ser humano y como mujer íntegra.

Dice Robert Bly:

Sólo los hombres pueden iniciar a los hombres, del mismo modos sólo las mujeres pueden iniciar a las mujeres

Sigue diciendo el autor: “Donde quiera que nuestra herida aparezca en nuestra psiquis, sea de un padre alcohólico, de una madre abusadora, sea que derive del aislamiento de una discapacidad o de una enfermedad, ese es el lugar desde donde daremos nuestro mejor aporte a la comunidad”

En este trabajo de grupo compartimos y aprendemos tanto desde nuestra conexión con nuestro aspecto como nuestro aspecto reparador.

En este renacer como mujer, como ser humano estamos contribuyendo a una nueva forma de relación entre hombres y mujeres, relaciones que fomenten el respeto, la amistad, el intercambio de roles y mas que todo, el deseo de ser aliados y co-creadores en este Universo.

Recuperemos el espacio simbólico de la cocina a donde se producen transformaciones de lo crudo a lo cocido, de lo blando a lo duro, de las partes al todo. Encontrémonos en la cocina de nuestro corazón para acompañarnos en la transformación de nuestros aspectos dispersos divididos, negados, abandonados, y tejamos juntas una red de amor, apoyo y crecimiento.

Bibliografía

  • Bly, Robert: "Hombres de hierro". Editorial Planeta, 1992, Buenos Aires. Argentina

Artículo publicado en Psicoactualidad.com

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